SAN JOSÉ, Costa Rica — 20 de junio de 2026 — En el marco del Día Mundial del Refugiado, la Asociación Mayangna alza su voz en nombre de las miles de personas pertenecientes a los pueblos originarios y comunidades afrodescendientes de la Costa Caribe de Nicaragua que hoy viven en el exilio forzado. El despojo sistemático de nuestros territorios ancestrales, la violencia impuesta por la invasión de colonos y la persecución política nos han obligado a cruzar fronteras físicas, pero no han logrado quebrantar nuestra identidad, nuestra cosmovisión ni nuestro espíritu de resistencia comunitaria.
Para las naciones indígenas Mayangna y Miskitu, así como para las comunidades afrodescendientes, el territorio no es un bien comercial; es la vida misma, el hogar de nuestros cerros sagrados, ríos, bosques y memorias de los ancestros. Hoy, la Reserva de la Biosfera de BOSAWAS y los territorios autónomos sufren una crisis humanitaria y ecológica sin precedentes debido a la invasión violenta y la criminalización de nuestras autoridades tradicionales. Este desplazamiento forzado constituye un desarraigo profundo, un intento de etnocidio que nos obliga a buscar refugio, principalmente en la hermana República de Costa Rica.
“Nos han quitado la tierra, nos han obligado a caminar rutas de dolor y desamparo, pero no nos han quitado la memoria. En el exilio, cada lengua preservada, cada asamblea comunitaria celebrada bajo un techo ajeno y cada paso hacia la autonomía es una victoria de nuestra dignidad ancestral.”
Resiliencia en el Desierto del Exilio
A pesar del impacto emocional y cultural del desarraigo, las comunidades nativas y afrodescendientes refugiadas demuestran una capacidad extraordinaria de resiliencia y organización. Reconfigurando nuestras estructuras tradicionales en el exilio, mantenemos vivas nuestras raíces desde las bases comunitarias de Ma Paki (Comunidad), Asangni (Territorios) y Sulani (Pueblos Indígenas). La distancia geográfica no ha fragmentado el tejido social que nos une como defensores del patrimonio espiritual del Caribe nicaragüense.
Saludamos y reconocemos con profunda esperanza los avances históricos logrados en los países de acogida, como la reciente implementación por parte de la Unidad de Refugio de Costa Rica de los formularios de solicitud de refugio traducidos a idiomas ancestrales como el miskito. Este hito representa un acto fundamental de justicia lingüística y reconocimiento institucional de nuestra vulnerabilidad, abriendo caminos dignos para miles de hermanos y hermanas que enfrentan barreras de comunicación en sus procesos de regularización.
Nuestros Pilares de Acción y Esperanza
A través de nuestros mecanismos de apoyo en el exilio, reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable con las familias desplazadas mediante tres ejes fundamentales:
Acogida Digna y Trato Justo: Brindar una recepción con pertinencia cultural, asegurando asistencia humanitaria y la protección de los derechos de quienes huyen de la violencia y el despojo.
Integración Colectiva y Justicia Lingüística: Promover la adaptación en los entornos de refugio sin asimilar la pérdida de la lengua materna, los saberes tradicionales y los valores comunitarios de reciprocidad.
Autonomía y Defensoría Internacional: Fortalecer las capacidades laborales y técnicas para el sustento diario, mientras sostenemos con firmeza la denuncia pública global por la liberación de nuestros defensores comunitarios y la preservación ambiental de nuestros ecosistemas.
Un Llamado a la Solidaridad Global
En este día de reflexión internacional, hacemos un llamado urgente a la comunidad internacional, a las agencias de Naciones Unidas (ACNUR) y a los estados de acogida a no invisibilizar la situación particular de los refugiados indígenas y afrodescendientes. Exigimos garantías de seguridad para nuestras autoridades tradicionales criminalizadas y una mirada diferenciada que reconozca los derechos colectivos de los pueblos originarios en situaciones de desplazamiento transfronterizo.
Nuestra lucha sigue viva. Mantenemos encendida la esperanza de un retorno voluntario, seguro y digno a nuestros territorios, con la certeza de que la justicia prevalecerá sobre el despojo. Mientras ese día llega, seguiremos floreciendo con fuerza y dignidad dondequiera que estemos plantados, resguardando la memoria del bosque y la soberanía de nuestra identidad.
Dado en el exilio forzado, a los 20 días del mes de junio de 2026.

